martes, 13 de noviembre de 2007

¿Cómo sería tu infierno?


Cada quien habla como le va en la feria y a mi con esto del café pues me va bien, pero cada vez que salgo a la calle (claro, ahora no puedo por mi pata inmovilizada) pienso que el día que me muera, si me voy al infierno, lo primero que me voy a encontrar es un maldito Starbucks de mierda y a sus empleados de sonrisa colgate preguntándome en un tono insoportable: "¿Qué taaaal?, buenas tardeeeees, ¿qué te vamos a serviiiir?".
Yo me pregunto (y nótese el tono sarcástico): ¿quién fue el genio que decidió que "chico", "mediano" y "grande" ahora se deben llamar "alto", "venti" y "grande"?
Ir a tomar un café a Starbucks es una pesadilla para cualquier persona que no esté acostumbrada a un trato tan ridículo sólo para que te sirvan un maldito café.
Si quién lea esto ha ido a Italia o a Austria me entenderá.
Para quién no haya ido, lo explico: En Italia el café es una maravilla y al contrario de lo que yo pensaba antes de ir, tomar café es muy simple. Sólo existen el café y el capuccino. Entiéndase por café lo que nosotros conocemos como un express, pero no uno cualquiera y por capuccino a una bebida que se prepara con un café, es decir un express, leche espumada y al que se corona no con canela, sino con cocoa. Pero además existen ciertas reglas para hacer y servir tanto el café como el capuccino:
  1. La taza debe ser de cerámica (no un pinchurriento vaso de cartón)
  2. La taza debe estar caliente (sin comentarios)
  3. El tamaño de la taza debe ser de un tamaño que corresponda a lo que se pidió: café o capuccino (El express no es doble, ¿qué es eso? y el capuccino no lleva sabor a nada, excepto a café, espuma de leche y cocoa)
  4. El café no debe ocupar más de las 3/4 partes del volumen de la taza. El capuccino debe lucir una espuma rebosante, sin derramarse (quiero ver que coños me voy a tomar, no ver una tapa de plástico y sentirme como si fuera policía de película y estuviera vigilando la casa de alguien)
  5. Si se toma en la barra se debe colocar el plato de cerámica junto con una cuchara de metal que sea adecuada al tamaño de la taza (no que me griten por mi nombre y me repitan lo que ya se que les pedí, v.g. "Pepeeee,americanoooventiiiilatteeeeespumosooooconlecheeeedeslactosadaaaaacarameeeelmachiatoooosincremaaaabatidaaaaaycafeeeeéjavaaaaacoooonbananaaaaachocoleiiiiitoreoooo", para después mandarme por el azúcar en sobrecitos, revolvedores de madera, que más bien parecen abatelenguas de esos que te producen ganas de vomitar, popotes y servilletas)
  6. El que prepara el café, después de ponerlo en su platito te dice algo así como "buen provecho", "que te apetezca" o un sinfín de frases por el estilo (no un wey con sonrisa nacarada que ni siquiera te ve a los ojos porque está más preocupado por gritar tu nombre y repetir tu pedido al pie de la letra que por tratarte como persona y actuar él como un miembro de la raza humana, no como un cyborg que repite frases hechas y que seguro se tuvo que aprender teniendo a un gerente atrás, literalmente, para ver como repetía las frases que algún idiota gringo inventó y que nos parecen divinas)
  7. El café luce una espuma amarilla, casi dorada, espesa y ocupa un parte considerable de la taza. El capuccino parece la cabellera de algún viejito. (se puede ver lo que uno se va a tomar!!!!!!!)

En Austria las cosas son diferentes: Viena es por tradición la ciudad natal o de residencia de muchas de las grandes mentes y personajes famosos que han vivido en este mundo: Mozart, Beethoven, Strauss, Freud, Wittgenstein, Haydn, la emperatriz Sissi, etc. En el siglo XIX fue la cuna de grandes ideas: desde el psicoanálisis hasta el sionismo (aunque los judíos modernos lo hayan desvirtuado por completo). Y en esta revolución mental los cafés vieneses ocuparon un papel fundamental.

La carta de un café vienés es muchisimo mas variada que la de un bar italiano: Se puede tomar desde un express, pasando por un café vienés o un café Maria Theresia (con licor de naranja). Los pasteles son irresistibles. Es imperdonable no comerse una buena rebanada de Sacher torte. El trato de los meseros es insuperable y la decoración de los cafés es elegante, clásica. Al entrar a un café vienés se siente cierta alcurnia en el ambiente, cierto aire de intelectualidad.

¡¿Entonces que carajos hace un Starbucks en Viena?!, es como tener enfrente un plato de caviar y pedir totopos y salsa pico de gallo para acompañarlo.

En fin, como yo amo al café no voy a Starbucks pero estoy seguro que cuando muera, como castigo por ser tan mamón en esta vida, a dónde me mueva en el infierno tendré que llegar en microbús mientras voy sentado en un asiento para pigmeos, escuchar cumbias, ver telenovelas y big brother, soportar a Adela Micha, a Raúl Velasco, al perro Bermúdez, a Jaime Maussan, a Laura Bosso, a Cristina Saralegui, comer sopas maruchan, entrar a una plática diaria de José de la Herrán, darle clase a los alumnos más estúpidos y huevones que he tenido, leer libros de Paulo Coelo, escuchar a Mariano y sus historias de califas y reyes en el radio, ver la risa en vacaciones 1,2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8 y además tener sentados junto a los que hablan durante toda la película, platicar con gente que hable con diminutivos todo el tiempito que pasaré en el infiernito, decir "más sin en cambio", "te lo vuelvo a repetir de nuevo otra vez" y "lo que es" y darme cuenta de que lo estoy diciendo, asistir a taquizas, barbacoisas y demás "isas" e "izas", tener latería en la despensa, asistir a clases diarias de papiroflexia, escuchar, ver y leer noticias, platicar de mecánica cuántica y genética con Jacobo Zabludovsky, cocinar algo y que sepa a mierda, comer arroz con leche de postre, asistir a asambleas del CGH, sentarme y que el de atrás me esté pateando el asiento todo el tiempo, tener de amigos a Facundo, a Adal Ramones y a Álvaro el casero de Diana, platicar de política con Félix Salgado Macedonio, Vicente Fox, Andrés Manuel y la señora Martha, apagar la luz y escuchar el "zzzzzzing" de los mosquitos, tomar pulque y ron bacardí en todas sus presentaciones, ir al ministerio público a rendir declaración de algo, pedir un pan árabe caliente entero y que me lo traigan tostado y en pedazos...siempre, tener una novia que me diga que si la dejo su corazoncito se romperá en mil pedazos y haran pic, pic, pic mientras caen al suelo, comer chocolate vaquita, tomar te laggs, viajar en camión a Ciudad Juárez, platicar de museos, pintura y escultura con mi primo Beto, comer carnitas frías, escuchar y ver investigación omega de Miguel Ángel Cornejo y finalmente, tener que escoger entre un nescafé o un café de starbucks.

Y tu infierno ¿como sería?

Shine on.