martes, 2 de diciembre de 2008

un muy modesto homenaje

Dentro de dos días se cumplen dos meses de la muerte de mi papá. He pasado por todas las etapas que los expertos definen como "el duelo". En este particular momento tengo muchísima ira, muchísimo coraje. No dejo de pensar en mi papá, verlo ahí tendido tan frágil, tan indefenso, tan ido de la mente. Pero no quiero pasar el resto de mi vida sufriendo por su ausencia, quiero acordarme de él como el maravilloso papá que fue, a pesar de todos sus errores (¿y quién coños no los tiene?) tuvo aciertos y, valga la redundancia, ciertamente fueron maravillosos. Hoy he decidido no seguir lamentando su muerte, sino comenzar a celebrar su vida. Eso implica recordar sus risas, sus detalles, sus bromas, sus palabras de apoyo y sobre todo su ejemplo de honestidad.
Las flores que no le llevaré al panteón las pienso sembrar y cultivar y ahora en las próximas vacaciones pienso sembrar un árbol...ese es el primer paso para mi celebración. Debo vivir, mi papá no ha muerto, al menos mientras no lo olvide y no pienso hacerlo.
Shine on.

viernes, 31 de octubre de 2008

Vivir la muerte

Mañana a las 6:30 de la mañana se cumplen cuatro semanas desde que recibí la llamada.
"Pasó lo que tenía que pasar", fue lo único que atinó a decir quién me comunicó la muerte de mi papá.
He dedicado mi vida profesional a estudiar y a enseñar ciencia, a tratar de ser racional hasta los huesos y entender que la muerte es el fin de un proceso llamado vida, pero también he dedicado mi vida adulta a luchar por no caer en la depresión. A veces me he dejado vencer, a veces he vencido. Han habido veces en que hubiera querido creer en un dios para sentir menos dolor, han habido veces en que he pensado dejar todo y empezar de nuevo en otro lugar y hasta con otro nombre y, ¿porqué no decirlo?, he pensado hasta en matarme para terminar de una vez por todas con todo. Pero algo me ha detenido siempre: no creo en dios porque no le encuentro lugar en mi vida, ni en la profesional ni en la personal, no me he mudado de ciudad o de país o de planeta ni cambiado mi nombre porque no puedo negar ni quién soy ni lo que soy, además de que me siento orgulloso de ambas cosas y no me he matado porque creo que es un acto egoísta y cobarde y no fui educado para ser ninguna de las dos, al contrario. El legado que me dejaron mi papás ha trascendido no sólo en mi vida sino en la de mi pareja, en la de mis amigos, en la de mi familia y hasta en la de mis alumnos. Fui educado para ser honesto, honrado, trabajador, responsable y hasta un poco maníaco en cuanto al orden. La neurosis y la impaciencia son meras creaciones mías.
Qué difícil me han resultado estos días en que extraño a mi papá a pesar de que nos pasábamos la vida discutiendo. Ahora resulta que hasta la tan esperada discusión de todos los años ("¿y dónde vamos a pasar navidad?") me va a hacer falta. Ya no recibiré sus llamadas el día de mi cumpleaños, ni me sentiré protegido en sus brazos cuando me abrazaba y me decía "Te quiero mucho hijito"..."pero eres muy necio", ya no recibiré sus llamadas el día de mi santo, ni el día del maestro cuando me felicitaba y me preguntaba que si mis alumnos me habían dicho algo al respecto, ya no recibiré regalos de parte de él, generalmente ropa que nunca me quedaba o no me gustaba. En fin, que mi vida ha cambiado desde que se fue, desde que lo mató, no el tumor que le diagnosticaron, sino la terrible depresión en que vivía desde que mi mamá se murió hace casi 26 años.
De mi papá puedo decir cosas maravillosas: lo que fui, lo que soy y lo que seré se lo debo en gran parte a él. Nunca estuvo de acuerdo en que estudiara ciencia, a él le hubiera gustado que yo hubiera sido médico, o comerciante como él, pero ¿quién me manda sentir un amor irresistible por la física y ser una bestia para los negocios?. Le chocaba mi modo de vestirme, los cigarros que fumaba, la cantidad de cafeína que me metía para aguantar las chingas de la facultad, la cantidad de libros que leía o las películas "raras" que veía. Le reventaba que me pasara toda la tarde tratando de resolver un teorema o aplicarle las leyes de la termodinámica a un problema que tenía que entregar al día siguiente, le molestaba sobremanera que no llegara a dormir por estar en casa de algún amigo haciendo un trabajo o un reporte de laboratorio en la computadora. Todos los días me echaba una letanía acerca de mi carrera y mi futuro profesional. Cuando íbamos en el coche y me ponía mi walkman se enojaba porque pensaba que ya no quería convivir con él ("ya te vas a poner tu "mevalemadres""). Y sí, muchas veces me dijo cosas hirientes que me dolieron mucho, se metió en mis relaciones de pareja, nunca le interesó demasiado mi vida ni que buscaba yo de ella ni cómo le pensaba hacer para encontar eso que buscaba. Hoy entiendo que en realidad nunca visitó mi mundo, sólo lo veía de lejos y no le gustaba lo que veía. Sin embargo, nunca jamás me prohibió algo y se que aunque nunca me lo dijo, estaba orgulloso de mí y de lo que yo hacía (sus amigos me lo confesaban). Aun recuerdo el día en que dí una plática en el CELE acerca de la astronomía árabe en el siglo XI, hasta de traje se vistió y aunque lo único que me dijo fue "qué bonita plática", cuando llegó al club libanés le dijo a sus amigos que casi casi me habían nombrado emérito de la UNAM después de la ponencia. Aun antes de morir me dijo que quería que le regalara un libro "¿Cuál quieres pá?" le pregunté, "Pues uno de esos que escribiste" y se refería al libro de texto de física para secundaria que me costó cinco semanas de sesiones de dieciocho horas frente a la computadora. Aun cerca de la muerte se acordaba.
Ahora que tuve que vacíar su departamento me encontré una caja de papeles...con todas mis boletas y las cartas que le escribí y que pensé que no les había dado importancia, recaditos y miles de cosas que guardaba en una caja especial y la verdad es que me sentí una mierda de persona, pero ¿cómo adivinar lo que guardaba?. A pesar de haber estado ausente durante mi infancia, después de la muerte de mi mamá, no le cambiaría a nadie mi vida porque ese papá que tuve, con todos sus defectos, manías, gritos y sombrerasos, fue el mejor que pude haber tenido. Simplemente vivía deprimido y no le encontró sentido a la vida sin mi mamá.
Pero así como en la foto, en que la muerte vigila el libro de la vida mientras nos movemos sobre él, yo voltearía hacia ella y le pintaría un dedo del tamaño del mundo, ya que hasta eso me enseñó mi pá mientras moría aunque no se haya dado cuenta: a no vivir deprimido.
Siento mucho dolor pero como me ha dicho mi querido amigo Ulises: "El dolor siempre existirá, el sufrimiento depende de tí".
Ahora me toca vivir sin él y pienso hacerlo honrando su memoria, tratando de olvidar los malos momentos y acordándome siempre y solamente de los buenos. A fin de cuentas, él trató y no pudo, pero me dio todas las armas para que yo si pueda hacerlo. Se que me va a costar trabajo, pero como decía mi abuelo quién seguro ya recibió a mi pá: "Entre lo posible y lo imposible sólo media la palabra voluntad".
Hoy creo que estarán viéndome llorar mis papás y mi abuelo desde algún lugar al que algún día llegaré y podré decirles: Lo logré, viví feliz y sin ataduras.
Gracias por todo pá, lo bueno y lo malo, lo feliz y lo triste, lo mejor y lo peor, pero sobre todo por haberme dado la vida, haberme cuidado y educado y haberme enseñado que es lo que se debía hacer y lo que no.
Siempre te voy a tener en mi corazón y en mis pensamientos y estas lágrimas que se me salen mientras escribo esto y que se me han salido desde que te fuiste, no son sólo de dolor sino de orgullo de haberte conocido y de que hayas sido mi papá.
Hoy brindaré a tu salud con un JB mientras escucho a Pink Floyd y trato de asimilar que aunque estás lejos, siempre estarás junto a mí. No esperes que te vaya a poner flores al panteón, mejor me acordaré de tí sonriendo, pensando que ahora estás con mi mamá y ya nada ni nadie los va a poder separar.
Gracias pá.

martes, 7 de octubre de 2008

In Memoriam

Septiembre 18 de 1944-Octubre 4 de 2008
Descansa en paz, Pa.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Tres opiniones que en realidad son dos.

Opinión 1.
La muerte física le llegó cómo nos llegará a todos en su momento, pero él ya había muerto desde hacía muchos años. De hecho lo mató un sistema brutal de represión que llegó a ser kafkiano. Hoy ya puede descansar en paz quién escribió libros maravillosos, desgarradores y crueles pero realistas. La foto lo muestra como prisionero del GULAG estalinista en el que estuvo ocho largos años, sólo por escribir una carta quejándose del sistema y de su creador. Hoy ya nadie lo atormentará, ni lo torturará, ni física ni psicológicamente, hoy ya no pasará hambre ni frío, ni sufrirá las golpizas de los guardias. Hoy ya no tendrá tres comidas a base de avena aguada ni vivirá los horrores de Siberia. Yo le agradezco que me haya abierto los ojos a la crueldad de Stalin y su maldito sistema, a la represión de su NKVD, antecesora de la KGB. Cuando leí "Un día en la vida de Iván Denisovich" estuve deprimido varios días pensando qué clase de vida era esa, si es que eso es vivir. Ese día lo respeté y lo comencé a admirar. Gracias señor Solyenitzin. Descanse en paz, ahora si en verdad.

Opinión 2.
Hoy fue ejecutado en Texas José Medellín tras quince años de espera en el llamado "pabellón de la muerte". José Medellín fue arrestado, juzgado y condenado por la violación y el asesinato de dos jovencitas. Muchos dirán: "pinches gringos asesinos", y tendrán razón, muchos otros dirán: "qué crueldad"...y no sé si tendrán razón. Y esto tiene que ver con la opinión 3.

Opinión 3.
Hoy se celebró la misa en nombre de Fernando Martí de 14 años, también un menor igual que las víctimas de José Medellín, quién fue secuestrado y asesinado por policías judiciales de esta ciudad. El clamor popular es "muerte a los asesinos de Fernando". ¿Notan la incongruencia?. Somos, y me incluyo porque soy mexicano, capaces de sentir lástima por José Medellín, pero queremos la muerte de los policías que mataron a Fernando Martí. Personalmente no siento ni sentí lástima por José Medellín, así como tampoco siento lástima por los asesinos de Fernando Martí. Siento lástima, y mucha, por este país, por este gobierno -el de la ciudad y el federal- por su ineptitud, su hueva para hacer bien las cosas, su pendejez para actuar, su letargo mental para hacer algo ya, en serio, bien, en contra de la delincuencia. Siento lástima por Ebrard que se siente un dios reencarnado, siento lástima por Calderón por no hacer nada y dejarnos a merced de hijos de puta como los que mataron a Fernando Martí. Por ellos si siento lástima. Por nosotros, los que salimos diario a trabajar para vivir honradamente, siento temor, rabia, ira, desesperación, impotencia. Estamos en manos de imbéciles mamarrachos que llegaron al poder a hacer nada, a enriquecerse a nuestras costillas, a permitir viajes de placer de diputados que cuestan un millón de pesos, o a mandar diputados a Harvard con un costo de 24,000 dólares por persona para tres semanas de un curso que pretendieron aprobar haciendo un "copiar-pegar" en un trabajo final. En manos de ellos estamos.

martes, 25 de marzo de 2008

Heme aquí de vuelta


Bueno, pues como dice el título de esta entrada, heme aquí de vuelta después de largos meses de no escribir. Parte por hueva, parte por falta para decir algo importante porque eso de escribir por escribir pues a mi nomás no se me da.
Hoy finalmente pude arreglar mi recámara. El que es mi espacio de trabajo y de descanso estaba verdaderamente hecho un asco: bolsas con vouchers, estados de cuenta de todo lo que pueda haber (tarjetas de crédito, cable, teléfono, luz) (¡haciéndome recordar lo grande que es mi deuda!), ropa sucia, libros a medio leer, fotocopias de todo (literalmente), noticias impresas, cd´s y dvd´s con respaldos, películas y no se qué más, tareas y exámenes de mis alumnos como de hace dos años, cuatro tazas con café y otras tantas con té y su respectiva cuchara, vasos, publicidades de todas las clases de comida rápida, escritos a medio terminar y otros terminados pero no archivados, hojas sueltas de todos los colores y tamaños, libretas con teléfonos de quién sabe quien, postales, lápices, plumas, marcadores, chocolates, envolturas de dulces, un juego de desarmadores, una bolsa con clavos, como diez cajetillas de cigarros vacías, doce pilas usadas, fotos, monedas de 10 centavos (que no sirven para nada), cuadros enmarcados sin colgar, ocho sacos en la silla de la computadora, zapatos por todo el suelo....total que esto parecía Beirut en los ochentas. ¡¡¡PERO AL FIN LO ARREGLÉ!!! y fue agotador. Empecé a las 10 de la mañana y terminé doce, si doce, horas después ya que trituré todos los papeles inútiles que tenía acumulados desde hace años (y creo que podría reforestar el Amazonas completo si los reconvierto en árboles). Es más, hasta me di el lujo de cambiar la configuración de los muebles y la cama y se ve más espacio. Ahora todo está en su lugar y espero que así se quede al menos hasta el verano que vuelvo a tener vacaciones.
Pero no todo fue acomodar y ya. A medida que iba sacando cosas de las bolsas fui redescubriendo objetos olvidados, de esos que sacas y te dan nostalgia. Uno en especial fue maravilloso: un cassette con el soundtrack de Rattle & Hum, ese maravilloso documental de U2, el cual nunca salió a la venta (el soundtrack, no la película) pero que mi querido amigo Sergio Flores y yo grabamos con la tecnología de 1989: una video VHS y una grabadora de cassettes. Nos quedo tan bien la edición de la cinta que ni parece grabado de un video a través de la tele. Puse la cinta y comencé a cantar en automático todas las canciones. Carajo, me sabía hasta las expresiones de Bono. Y luego pensé en cuantas veces había escuchado esa cinta, o visto la película, y llegué a la conclusión que en total han sido más de cien veces (digo, han pasado 19 años desde entonces). Escuchar esa cinta de nuevo me puso tan nostálgico que casi lloro. Recordé los tiempos en que me creía Bono y trataba de ser como él usando un crucifijo atado con un cuerito de piel aunque no fuera cristiano, la época en que me quería vestir como The Edge y usaba diario unos pantalones Levi´s azul claro, cuando le volé a mi papá una chamarra de piel para sentirme como Larry Mullen o las pulseras que me compré en pericoapa para sentirme como Adam Clayton. Me acordé de la desvelada que me puse para ir al palacio de los deportes y comprar los boletos la primera vez que vinieron (a las dos de la mañana estabámos formados allá y salimos hasta los dos de la tarde), lo afónico que salí del concierto, la quemada que me puse en la pierna despues de tener el encendedor prendido como quince minutos y por la emoción, metérmelo en la bolsa de los Levi´s azul clarito y pegarme una quemada de poca madre. Pero también me acordé de lo feliz y triste que fue mi adolescencia. Lo triste: El siempre sentirme diferente por no tener mamá, el tener un papá que nunca me escuchaba y sólo me regañaba, el estar lejos de mis hermanos, el tener una novia estúpida y celosa que me hacía como quería, el no haber vivido en mi casa durante un año, la inestabilidad económica, el no haber podido entrar a la universidad, y por supuesto los mil sentimientos encontrados respecto de todo. Lo feliz: haber tenido unos abuelos maravillosos que me abrieron las puertas de su casa siempre, el haber entrado a la UNAM, el descubrir la literatura seria, el haber empezado a escribir, volver a vivir en familia, el darme cuenta de que estaba vivo y podía hacer mil cosas. En fin, todo eso me recordó mi cassette de U2 que me encontré al arreglar mi recámara.
Shine on.