martes, 25 de marzo de 2008

Heme aquí de vuelta


Bueno, pues como dice el título de esta entrada, heme aquí de vuelta después de largos meses de no escribir. Parte por hueva, parte por falta para decir algo importante porque eso de escribir por escribir pues a mi nomás no se me da.
Hoy finalmente pude arreglar mi recámara. El que es mi espacio de trabajo y de descanso estaba verdaderamente hecho un asco: bolsas con vouchers, estados de cuenta de todo lo que pueda haber (tarjetas de crédito, cable, teléfono, luz) (¡haciéndome recordar lo grande que es mi deuda!), ropa sucia, libros a medio leer, fotocopias de todo (literalmente), noticias impresas, cd´s y dvd´s con respaldos, películas y no se qué más, tareas y exámenes de mis alumnos como de hace dos años, cuatro tazas con café y otras tantas con té y su respectiva cuchara, vasos, publicidades de todas las clases de comida rápida, escritos a medio terminar y otros terminados pero no archivados, hojas sueltas de todos los colores y tamaños, libretas con teléfonos de quién sabe quien, postales, lápices, plumas, marcadores, chocolates, envolturas de dulces, un juego de desarmadores, una bolsa con clavos, como diez cajetillas de cigarros vacías, doce pilas usadas, fotos, monedas de 10 centavos (que no sirven para nada), cuadros enmarcados sin colgar, ocho sacos en la silla de la computadora, zapatos por todo el suelo....total que esto parecía Beirut en los ochentas. ¡¡¡PERO AL FIN LO ARREGLÉ!!! y fue agotador. Empecé a las 10 de la mañana y terminé doce, si doce, horas después ya que trituré todos los papeles inútiles que tenía acumulados desde hace años (y creo que podría reforestar el Amazonas completo si los reconvierto en árboles). Es más, hasta me di el lujo de cambiar la configuración de los muebles y la cama y se ve más espacio. Ahora todo está en su lugar y espero que así se quede al menos hasta el verano que vuelvo a tener vacaciones.
Pero no todo fue acomodar y ya. A medida que iba sacando cosas de las bolsas fui redescubriendo objetos olvidados, de esos que sacas y te dan nostalgia. Uno en especial fue maravilloso: un cassette con el soundtrack de Rattle & Hum, ese maravilloso documental de U2, el cual nunca salió a la venta (el soundtrack, no la película) pero que mi querido amigo Sergio Flores y yo grabamos con la tecnología de 1989: una video VHS y una grabadora de cassettes. Nos quedo tan bien la edición de la cinta que ni parece grabado de un video a través de la tele. Puse la cinta y comencé a cantar en automático todas las canciones. Carajo, me sabía hasta las expresiones de Bono. Y luego pensé en cuantas veces había escuchado esa cinta, o visto la película, y llegué a la conclusión que en total han sido más de cien veces (digo, han pasado 19 años desde entonces). Escuchar esa cinta de nuevo me puso tan nostálgico que casi lloro. Recordé los tiempos en que me creía Bono y trataba de ser como él usando un crucifijo atado con un cuerito de piel aunque no fuera cristiano, la época en que me quería vestir como The Edge y usaba diario unos pantalones Levi´s azul claro, cuando le volé a mi papá una chamarra de piel para sentirme como Larry Mullen o las pulseras que me compré en pericoapa para sentirme como Adam Clayton. Me acordé de la desvelada que me puse para ir al palacio de los deportes y comprar los boletos la primera vez que vinieron (a las dos de la mañana estabámos formados allá y salimos hasta los dos de la tarde), lo afónico que salí del concierto, la quemada que me puse en la pierna despues de tener el encendedor prendido como quince minutos y por la emoción, metérmelo en la bolsa de los Levi´s azul clarito y pegarme una quemada de poca madre. Pero también me acordé de lo feliz y triste que fue mi adolescencia. Lo triste: El siempre sentirme diferente por no tener mamá, el tener un papá que nunca me escuchaba y sólo me regañaba, el estar lejos de mis hermanos, el tener una novia estúpida y celosa que me hacía como quería, el no haber vivido en mi casa durante un año, la inestabilidad económica, el no haber podido entrar a la universidad, y por supuesto los mil sentimientos encontrados respecto de todo. Lo feliz: haber tenido unos abuelos maravillosos que me abrieron las puertas de su casa siempre, el haber entrado a la UNAM, el descubrir la literatura seria, el haber empezado a escribir, volver a vivir en familia, el darme cuenta de que estaba vivo y podía hacer mil cosas. En fin, todo eso me recordó mi cassette de U2 que me encontré al arreglar mi recámara.
Shine on.