jueves, 16 de julio de 2009

Las reglas de la guerra

Soy un apasionado de la historia. Lo reconozco abiertamente. Me desvelo leyendo o viendo documentales sobre la historia, particularmente la de la segunda guerra mundial. Desde niño esa parte de la historia, que cambió para siempre al mundo, no sólo me gusta, me enloquece. Y no por la guerra en sí, sino por las estrategias, la tecnología, los pactos, las batallas, los políticos involucrados, etc.
Hace algunos años en una de tantas lecturas, me enteré que cuando Inglaterra le declaró la guerra a Alemania en 1939 ambos países acordaron que los ingleses no bombardearían Gotinga ni los alemanes harían lo propio en Cambridge y Oxford. Todo lo demás podía ser reducido a escombros. La verdad es que en ese momento me pareció simplemente ridículo el ponerle reglas a la matazón que hubo entre ingleses y alemanes. Ahora, aunque no me deja de parecer ridículo y hasta irónico, entiendo la necesidad que tenían de específicar una cláusula como esa en el contrato de muerte que firmaron.
Ayer uno de los líderes de la llamada "Familia", el famoso grupo de narcos que opera en todo el país, le pidió al gobierno "una guerra limpia", es decir, aunque expresó su respeto al presidente (cosa difícil desde mi punto de vista), a la bandera y al ejército y a la armada, piensa que es injusto que se ataque a los familiares de, valga la redundancia, la "Familia". El fulano apodado "La Tuta" dice que su bronca es con la policía federal por andarse metiendo con sus hijos(as), esposas, tíos(as), primos(as), etc. Que la neta así no se vale. Y pues si, ¿no?. La verdad es son chingaderas del gobierno andar matando gente así nada más que ni vendía droga. ¿A poco sólo por ser pariente de un narco ya me gané el derecho a un plomazo en la cabeza de la PFP?. Después de escuchar ésta declaración sentí que el pacto inglés-alemán de la segunda guerra mundial era una cuestión de caballeros. Yo me pregunto: ¿qué pensarán las familias de los que murieron o resultaron heridos el 15 de septiembre en el zócalo de Morelia mientras se daba la celebración del grito y unos hijos de puta de la "Familia" lanzaron unas granadas contra el gentío que estaba reunido pacíficamente celebrando un año más del grito de Miguel Hidalgo para cargarse a los españoles?, ¿qué pensarán los amigos, hijos, esposas, primos, tíos. cuñados y demás parentela de los 12 policías asesinados en Michoacán hace pocos días?, ¿habrá sido justo que los hayan matado sólo a ellos o hubiera sido mejor escabecharse a toda la parentela para que nadie sufriera?.
Creo que éste señor (La Tuta) está un poco dañado de sus facultades mentales y está pidiendo imponer reglas a una guerra que es por definición salvaje, cruel, desgarradora. No me atevería a decir inhumana ya que cada día me convenzo más que los humanos necesitamos matar, humillar, degradar, sobajar y demás actos de barbarie para sentirnos bien. En fin. Que se mueran los narcos, todos, pero que no pidan idioteces.

jueves, 28 de mayo de 2009

Casi un año


No creo conocer un peor lugar que el hospital. De hecho ni un panteón me parece un lugar tan horrendo como el hospital. Lo digo como "el hospital" porque me refiero a todos. Al final ese olor que emana de él me repugna y me revuelve el estómago. Dicen que el olor es lo que más recuerdos nos trae, y en el caso del hospital no es la excepción. Hace casi un año (En 29 minutos se cumplirá el año) tuve que llevar a mi papá al hospital por segunda vez en mi vida. La primera vez fue hace mucho, aun estando en la facultad. Lo llevé pero afortunadamente salío bien después de algunos días y de nada grave. Sin embargo ese 29 de Mayo de 2008 la situación fue muy diferente. Mucha gente dice que el estarme atormentando por la muerte de mi papá no está bien, el psiquiatra al que voy me dice que tengo que enfrentarlo y yo estoy hecho un pendejo. Sin querer de repente me acordé de la primera noche que estuvo en el hospital hace un año, de la hora a la que regresé a mi casa a intentar dormir y la sensación permanente de incertidumbre que pesaba sobre su situación. Casi un mes después de haber sido internado le debieron hacer una tomografía y ahí apareció. Del tamaño de un huevo, a la mitad del pecho, desviando la tráquea. Un tumor, un maldito tumor. Ése fue el diagnóstico. Sólo para hacer la biopsia era necesario abrirle el pecho. Él, valientemente, habló conmigo y me explicó que no quería hacerse esa operación, que no quería pasar por un largo proceso sólo para saber si el tumor era maligno o no. No me atreví a contradecirlo. Finalmente estaba totalmente lúcido para poder decidir y aunque me doliera su decisión la respeté. Poco más de cuatro meses después de esa plática estaba en su funeral. El maldito resultó maligno.

Ahora, casi un año después de haberlo internado, pienso en cómo pudo haber sido todo. Es muy idealista pensar que la situación hubiera mejorado si se tomaba la biopsia o si se intentaba radiarlo. Tal vez, y quiero pensar que así fue, todo salió bien. Hoy podré dormir tranquilo sabiendo que él ya descansa, que ya no hay nada de que él tenga que preocuparse. No volveré a sentir esa incertidumbre espantosa ni a tener que soportar el repugnante olor a hospital. Lo aguanté, y lo haría de nuevo, sólo por él.

Desde aquí, a un minuto del año, te sigo recordando y te dejo una imagen que te hubiera encantado: los alpes suizos.

Shine on.

lunes, 18 de mayo de 2009

Un verdadero héroe

Desgraciadamente el concepto de héroe se ha desvirtuado hasta tal punto que cualquier imbécil con un rifle matando gente inocente en las calles de Kabul o de Bagdad y, que al ser muerto por la razón que sea, es considerado un héroe. Por definición un héroe es una persona que es el ejemplo a seguir, que realiza actos a favor de la humanidad, que posee capacidades sobrehumanas. Cuando yo era niño mi héroe era el Llanero solitario y su inseparable compañero Toro (ahora me doy cuenta de que el adjetivo de "solitario" con un inseparable compañero pierde todo sentido). En fin, mi héroe era alguien que cargaba pistola, andaba a caballo y usaba antifaz. La vida me ha llevado por caminos más bien pacíficos. Aunque sea muy gritón y enojón no recuerdo cuantos años tenía la última (y única) vez que me lié a golpes con alguien ni la razón para tal acto de falta de inteligencia (aunque debo confesar que a veces me han dado unas ganas terribles de reventarle una silla en la espalda a más de uno, sólo por el gusto de hacerlo).
En fin, que hoy a mis 36 años tengo un trabajo que disfruto, una pareja a la que amo con todo mi corazón y lo mejor de todo es que me corresponde, amigos entrañables con los que puedo disfrutar, reír, llorar, platicar pero sobre todo compartir, una familia que aunque a veces se distancie sé que está ahí para apoyarme y escucharme.
Diana, mi pareja desde hace poco más de diez años, me ha dicho muchas veces que admira el que no me de pena o vergüenza decirle a los cuatro vientos lo que siento por ella y por la vida en general. Pero debo decir que el mérito no es mío, tuve buenos maestros y uno de ellos murió el domingo pasado. Su nombre no era, sino que siempre será Mario Benedetti. Al que yo considero un verdadero héroe. Si bien no usaba pistola, antifaz ni andaba a caballo usaba el arma más poderosa que existe: la palabra y por si fuera poco era de los mejores. Benedetti me enseñó a decir "te quiero", "te amo", "eres la razón de mi vida" y demás frases que parecen tan trilladas de una manera majestuosa. Éste es un verdadero héroe, el que se quedará en la memoria colectiva hoy y para siempre. Todavía recuerdo estar en la facultad y alguien me dijo "Benedetti va a estar en Plaza Loreto, ¿quieres ir?", mi respuesta inmediata, por supuesto, fue "si". Y fue una experiencia única, verlo sentado, tan sencillo, tan humilde, sin hacer aspavientos, ni grandes presentaciones. Leyó cuando quiso y lo que quiso. Haber escuchado "No te salves" fue el clímax y nos dió un consejo: "Amen hasta que duela. Eso es amar". Creo que el consejo debe ser seguido por mucho imbéciles que andan por ahí sueltos pensando que los héroes matan, acribillan, mutilan y demás hijeces de puta. Buena, de hecho la mejor lección del maestro Benedetti.
Hasta pronto maestro. Hasta pronto mi héroe. Y procuraré no salvarme, se lo prometo.

martes, 2 de diciembre de 2008

un muy modesto homenaje

Dentro de dos días se cumplen dos meses de la muerte de mi papá. He pasado por todas las etapas que los expertos definen como "el duelo". En este particular momento tengo muchísima ira, muchísimo coraje. No dejo de pensar en mi papá, verlo ahí tendido tan frágil, tan indefenso, tan ido de la mente. Pero no quiero pasar el resto de mi vida sufriendo por su ausencia, quiero acordarme de él como el maravilloso papá que fue, a pesar de todos sus errores (¿y quién coños no los tiene?) tuvo aciertos y, valga la redundancia, ciertamente fueron maravillosos. Hoy he decidido no seguir lamentando su muerte, sino comenzar a celebrar su vida. Eso implica recordar sus risas, sus detalles, sus bromas, sus palabras de apoyo y sobre todo su ejemplo de honestidad.
Las flores que no le llevaré al panteón las pienso sembrar y cultivar y ahora en las próximas vacaciones pienso sembrar un árbol...ese es el primer paso para mi celebración. Debo vivir, mi papá no ha muerto, al menos mientras no lo olvide y no pienso hacerlo.
Shine on.

viernes, 31 de octubre de 2008

Vivir la muerte

Mañana a las 6:30 de la mañana se cumplen cuatro semanas desde que recibí la llamada.
"Pasó lo que tenía que pasar", fue lo único que atinó a decir quién me comunicó la muerte de mi papá.
He dedicado mi vida profesional a estudiar y a enseñar ciencia, a tratar de ser racional hasta los huesos y entender que la muerte es el fin de un proceso llamado vida, pero también he dedicado mi vida adulta a luchar por no caer en la depresión. A veces me he dejado vencer, a veces he vencido. Han habido veces en que hubiera querido creer en un dios para sentir menos dolor, han habido veces en que he pensado dejar todo y empezar de nuevo en otro lugar y hasta con otro nombre y, ¿porqué no decirlo?, he pensado hasta en matarme para terminar de una vez por todas con todo. Pero algo me ha detenido siempre: no creo en dios porque no le encuentro lugar en mi vida, ni en la profesional ni en la personal, no me he mudado de ciudad o de país o de planeta ni cambiado mi nombre porque no puedo negar ni quién soy ni lo que soy, además de que me siento orgulloso de ambas cosas y no me he matado porque creo que es un acto egoísta y cobarde y no fui educado para ser ninguna de las dos, al contrario. El legado que me dejaron mi papás ha trascendido no sólo en mi vida sino en la de mi pareja, en la de mis amigos, en la de mi familia y hasta en la de mis alumnos. Fui educado para ser honesto, honrado, trabajador, responsable y hasta un poco maníaco en cuanto al orden. La neurosis y la impaciencia son meras creaciones mías.
Qué difícil me han resultado estos días en que extraño a mi papá a pesar de que nos pasábamos la vida discutiendo. Ahora resulta que hasta la tan esperada discusión de todos los años ("¿y dónde vamos a pasar navidad?") me va a hacer falta. Ya no recibiré sus llamadas el día de mi cumpleaños, ni me sentiré protegido en sus brazos cuando me abrazaba y me decía "Te quiero mucho hijito"..."pero eres muy necio", ya no recibiré sus llamadas el día de mi santo, ni el día del maestro cuando me felicitaba y me preguntaba que si mis alumnos me habían dicho algo al respecto, ya no recibiré regalos de parte de él, generalmente ropa que nunca me quedaba o no me gustaba. En fin, que mi vida ha cambiado desde que se fue, desde que lo mató, no el tumor que le diagnosticaron, sino la terrible depresión en que vivía desde que mi mamá se murió hace casi 26 años.
De mi papá puedo decir cosas maravillosas: lo que fui, lo que soy y lo que seré se lo debo en gran parte a él. Nunca estuvo de acuerdo en que estudiara ciencia, a él le hubiera gustado que yo hubiera sido médico, o comerciante como él, pero ¿quién me manda sentir un amor irresistible por la física y ser una bestia para los negocios?. Le chocaba mi modo de vestirme, los cigarros que fumaba, la cantidad de cafeína que me metía para aguantar las chingas de la facultad, la cantidad de libros que leía o las películas "raras" que veía. Le reventaba que me pasara toda la tarde tratando de resolver un teorema o aplicarle las leyes de la termodinámica a un problema que tenía que entregar al día siguiente, le molestaba sobremanera que no llegara a dormir por estar en casa de algún amigo haciendo un trabajo o un reporte de laboratorio en la computadora. Todos los días me echaba una letanía acerca de mi carrera y mi futuro profesional. Cuando íbamos en el coche y me ponía mi walkman se enojaba porque pensaba que ya no quería convivir con él ("ya te vas a poner tu "mevalemadres""). Y sí, muchas veces me dijo cosas hirientes que me dolieron mucho, se metió en mis relaciones de pareja, nunca le interesó demasiado mi vida ni que buscaba yo de ella ni cómo le pensaba hacer para encontar eso que buscaba. Hoy entiendo que en realidad nunca visitó mi mundo, sólo lo veía de lejos y no le gustaba lo que veía. Sin embargo, nunca jamás me prohibió algo y se que aunque nunca me lo dijo, estaba orgulloso de mí y de lo que yo hacía (sus amigos me lo confesaban). Aun recuerdo el día en que dí una plática en el CELE acerca de la astronomía árabe en el siglo XI, hasta de traje se vistió y aunque lo único que me dijo fue "qué bonita plática", cuando llegó al club libanés le dijo a sus amigos que casi casi me habían nombrado emérito de la UNAM después de la ponencia. Aun antes de morir me dijo que quería que le regalara un libro "¿Cuál quieres pá?" le pregunté, "Pues uno de esos que escribiste" y se refería al libro de texto de física para secundaria que me costó cinco semanas de sesiones de dieciocho horas frente a la computadora. Aun cerca de la muerte se acordaba.
Ahora que tuve que vacíar su departamento me encontré una caja de papeles...con todas mis boletas y las cartas que le escribí y que pensé que no les había dado importancia, recaditos y miles de cosas que guardaba en una caja especial y la verdad es que me sentí una mierda de persona, pero ¿cómo adivinar lo que guardaba?. A pesar de haber estado ausente durante mi infancia, después de la muerte de mi mamá, no le cambiaría a nadie mi vida porque ese papá que tuve, con todos sus defectos, manías, gritos y sombrerasos, fue el mejor que pude haber tenido. Simplemente vivía deprimido y no le encontró sentido a la vida sin mi mamá.
Pero así como en la foto, en que la muerte vigila el libro de la vida mientras nos movemos sobre él, yo voltearía hacia ella y le pintaría un dedo del tamaño del mundo, ya que hasta eso me enseñó mi pá mientras moría aunque no se haya dado cuenta: a no vivir deprimido.
Siento mucho dolor pero como me ha dicho mi querido amigo Ulises: "El dolor siempre existirá, el sufrimiento depende de tí".
Ahora me toca vivir sin él y pienso hacerlo honrando su memoria, tratando de olvidar los malos momentos y acordándome siempre y solamente de los buenos. A fin de cuentas, él trató y no pudo, pero me dio todas las armas para que yo si pueda hacerlo. Se que me va a costar trabajo, pero como decía mi abuelo quién seguro ya recibió a mi pá: "Entre lo posible y lo imposible sólo media la palabra voluntad".
Hoy creo que estarán viéndome llorar mis papás y mi abuelo desde algún lugar al que algún día llegaré y podré decirles: Lo logré, viví feliz y sin ataduras.
Gracias por todo pá, lo bueno y lo malo, lo feliz y lo triste, lo mejor y lo peor, pero sobre todo por haberme dado la vida, haberme cuidado y educado y haberme enseñado que es lo que se debía hacer y lo que no.
Siempre te voy a tener en mi corazón y en mis pensamientos y estas lágrimas que se me salen mientras escribo esto y que se me han salido desde que te fuiste, no son sólo de dolor sino de orgullo de haberte conocido y de que hayas sido mi papá.
Hoy brindaré a tu salud con un JB mientras escucho a Pink Floyd y trato de asimilar que aunque estás lejos, siempre estarás junto a mí. No esperes que te vaya a poner flores al panteón, mejor me acordaré de tí sonriendo, pensando que ahora estás con mi mamá y ya nada ni nadie los va a poder separar.
Gracias pá.

martes, 7 de octubre de 2008

In Memoriam

Septiembre 18 de 1944-Octubre 4 de 2008
Descansa en paz, Pa.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Tres opiniones que en realidad son dos.

Opinión 1.
La muerte física le llegó cómo nos llegará a todos en su momento, pero él ya había muerto desde hacía muchos años. De hecho lo mató un sistema brutal de represión que llegó a ser kafkiano. Hoy ya puede descansar en paz quién escribió libros maravillosos, desgarradores y crueles pero realistas. La foto lo muestra como prisionero del GULAG estalinista en el que estuvo ocho largos años, sólo por escribir una carta quejándose del sistema y de su creador. Hoy ya nadie lo atormentará, ni lo torturará, ni física ni psicológicamente, hoy ya no pasará hambre ni frío, ni sufrirá las golpizas de los guardias. Hoy ya no tendrá tres comidas a base de avena aguada ni vivirá los horrores de Siberia. Yo le agradezco que me haya abierto los ojos a la crueldad de Stalin y su maldito sistema, a la represión de su NKVD, antecesora de la KGB. Cuando leí "Un día en la vida de Iván Denisovich" estuve deprimido varios días pensando qué clase de vida era esa, si es que eso es vivir. Ese día lo respeté y lo comencé a admirar. Gracias señor Solyenitzin. Descanse en paz, ahora si en verdad.

Opinión 2.
Hoy fue ejecutado en Texas José Medellín tras quince años de espera en el llamado "pabellón de la muerte". José Medellín fue arrestado, juzgado y condenado por la violación y el asesinato de dos jovencitas. Muchos dirán: "pinches gringos asesinos", y tendrán razón, muchos otros dirán: "qué crueldad"...y no sé si tendrán razón. Y esto tiene que ver con la opinión 3.

Opinión 3.
Hoy se celebró la misa en nombre de Fernando Martí de 14 años, también un menor igual que las víctimas de José Medellín, quién fue secuestrado y asesinado por policías judiciales de esta ciudad. El clamor popular es "muerte a los asesinos de Fernando". ¿Notan la incongruencia?. Somos, y me incluyo porque soy mexicano, capaces de sentir lástima por José Medellín, pero queremos la muerte de los policías que mataron a Fernando Martí. Personalmente no siento ni sentí lástima por José Medellín, así como tampoco siento lástima por los asesinos de Fernando Martí. Siento lástima, y mucha, por este país, por este gobierno -el de la ciudad y el federal- por su ineptitud, su hueva para hacer bien las cosas, su pendejez para actuar, su letargo mental para hacer algo ya, en serio, bien, en contra de la delincuencia. Siento lástima por Ebrard que se siente un dios reencarnado, siento lástima por Calderón por no hacer nada y dejarnos a merced de hijos de puta como los que mataron a Fernando Martí. Por ellos si siento lástima. Por nosotros, los que salimos diario a trabajar para vivir honradamente, siento temor, rabia, ira, desesperación, impotencia. Estamos en manos de imbéciles mamarrachos que llegaron al poder a hacer nada, a enriquecerse a nuestras costillas, a permitir viajes de placer de diputados que cuestan un millón de pesos, o a mandar diputados a Harvard con un costo de 24,000 dólares por persona para tres semanas de un curso que pretendieron aprobar haciendo un "copiar-pegar" en un trabajo final. En manos de ellos estamos.