jueves, 28 de mayo de 2009

Casi un año


No creo conocer un peor lugar que el hospital. De hecho ni un panteón me parece un lugar tan horrendo como el hospital. Lo digo como "el hospital" porque me refiero a todos. Al final ese olor que emana de él me repugna y me revuelve el estómago. Dicen que el olor es lo que más recuerdos nos trae, y en el caso del hospital no es la excepción. Hace casi un año (En 29 minutos se cumplirá el año) tuve que llevar a mi papá al hospital por segunda vez en mi vida. La primera vez fue hace mucho, aun estando en la facultad. Lo llevé pero afortunadamente salío bien después de algunos días y de nada grave. Sin embargo ese 29 de Mayo de 2008 la situación fue muy diferente. Mucha gente dice que el estarme atormentando por la muerte de mi papá no está bien, el psiquiatra al que voy me dice que tengo que enfrentarlo y yo estoy hecho un pendejo. Sin querer de repente me acordé de la primera noche que estuvo en el hospital hace un año, de la hora a la que regresé a mi casa a intentar dormir y la sensación permanente de incertidumbre que pesaba sobre su situación. Casi un mes después de haber sido internado le debieron hacer una tomografía y ahí apareció. Del tamaño de un huevo, a la mitad del pecho, desviando la tráquea. Un tumor, un maldito tumor. Ése fue el diagnóstico. Sólo para hacer la biopsia era necesario abrirle el pecho. Él, valientemente, habló conmigo y me explicó que no quería hacerse esa operación, que no quería pasar por un largo proceso sólo para saber si el tumor era maligno o no. No me atreví a contradecirlo. Finalmente estaba totalmente lúcido para poder decidir y aunque me doliera su decisión la respeté. Poco más de cuatro meses después de esa plática estaba en su funeral. El maldito resultó maligno.

Ahora, casi un año después de haberlo internado, pienso en cómo pudo haber sido todo. Es muy idealista pensar que la situación hubiera mejorado si se tomaba la biopsia o si se intentaba radiarlo. Tal vez, y quiero pensar que así fue, todo salió bien. Hoy podré dormir tranquilo sabiendo que él ya descansa, que ya no hay nada de que él tenga que preocuparse. No volveré a sentir esa incertidumbre espantosa ni a tener que soportar el repugnante olor a hospital. Lo aguanté, y lo haría de nuevo, sólo por él.

Desde aquí, a un minuto del año, te sigo recordando y te dejo una imagen que te hubiera encantado: los alpes suizos.

Shine on.

lunes, 18 de mayo de 2009

Un verdadero héroe

Desgraciadamente el concepto de héroe se ha desvirtuado hasta tal punto que cualquier imbécil con un rifle matando gente inocente en las calles de Kabul o de Bagdad y, que al ser muerto por la razón que sea, es considerado un héroe. Por definición un héroe es una persona que es el ejemplo a seguir, que realiza actos a favor de la humanidad, que posee capacidades sobrehumanas. Cuando yo era niño mi héroe era el Llanero solitario y su inseparable compañero Toro (ahora me doy cuenta de que el adjetivo de "solitario" con un inseparable compañero pierde todo sentido). En fin, mi héroe era alguien que cargaba pistola, andaba a caballo y usaba antifaz. La vida me ha llevado por caminos más bien pacíficos. Aunque sea muy gritón y enojón no recuerdo cuantos años tenía la última (y única) vez que me lié a golpes con alguien ni la razón para tal acto de falta de inteligencia (aunque debo confesar que a veces me han dado unas ganas terribles de reventarle una silla en la espalda a más de uno, sólo por el gusto de hacerlo).
En fin, que hoy a mis 36 años tengo un trabajo que disfruto, una pareja a la que amo con todo mi corazón y lo mejor de todo es que me corresponde, amigos entrañables con los que puedo disfrutar, reír, llorar, platicar pero sobre todo compartir, una familia que aunque a veces se distancie sé que está ahí para apoyarme y escucharme.
Diana, mi pareja desde hace poco más de diez años, me ha dicho muchas veces que admira el que no me de pena o vergüenza decirle a los cuatro vientos lo que siento por ella y por la vida en general. Pero debo decir que el mérito no es mío, tuve buenos maestros y uno de ellos murió el domingo pasado. Su nombre no era, sino que siempre será Mario Benedetti. Al que yo considero un verdadero héroe. Si bien no usaba pistola, antifaz ni andaba a caballo usaba el arma más poderosa que existe: la palabra y por si fuera poco era de los mejores. Benedetti me enseñó a decir "te quiero", "te amo", "eres la razón de mi vida" y demás frases que parecen tan trilladas de una manera majestuosa. Éste es un verdadero héroe, el que se quedará en la memoria colectiva hoy y para siempre. Todavía recuerdo estar en la facultad y alguien me dijo "Benedetti va a estar en Plaza Loreto, ¿quieres ir?", mi respuesta inmediata, por supuesto, fue "si". Y fue una experiencia única, verlo sentado, tan sencillo, tan humilde, sin hacer aspavientos, ni grandes presentaciones. Leyó cuando quiso y lo que quiso. Haber escuchado "No te salves" fue el clímax y nos dió un consejo: "Amen hasta que duela. Eso es amar". Creo que el consejo debe ser seguido por mucho imbéciles que andan por ahí sueltos pensando que los héroes matan, acribillan, mutilan y demás hijeces de puta. Buena, de hecho la mejor lección del maestro Benedetti.
Hasta pronto maestro. Hasta pronto mi héroe. Y procuraré no salvarme, se lo prometo.